Aislamiento por el exterior: Fachada Ventilada

Si la semana pasada hablábamos del SATE, explicando sus principales características y ventajas, hoy hacemos lo propio con otro sistema de aislamiento por el exterior: la fachada ventilada.

En el sistema de aislamiento tipo fachada ventilada, el acabado final es una pieza resistente (de madera, cerámica, piedra, aluminio, etc.) que se fija al cerramiento existente mediante una subestructura de perfiles habitualmente metálicos, consiguiendo de esta forma, una cámara de aire entre la fachada y el aislante, que se adhiere directamente a la misma. La principal diferencia entre un SATE y un sistema de fachada ventilada radica en esa pequeña separación que existe entre el material de acabado y el aislamiento, que permite una ligera ventilación y evita sobrecalentamientos.

Esquema de colocación de una fachada ventilada. Imagen de Ursa
En una fachada ventilada el revestimiento evita la incidencia directa del sol sobre el aislante. El aire, recalentado detrás de ese revestimiento, debe tener una fácil salida que permita que ese espacio funcione como una cámara que amortigua el calor. El efecto chimenea hace que el aire circule a lo largo de la cámara, contribuyendo a evitar la acumulación de calor y eliminando la humedad producida por la lluvia o la condensación.


Puesta en obra de un sistema de fachada ventilada. Imágenes de Ursa
Cómo resultado de este sistema, se produce una mejora del confort. Los residentes y los usuarios del edificio no solo se benefician de un cerramiento que requiere poco mantenimiento, sino que, además, por sus condiciones de reducción de la humedad y su comodidad, el edificio contribuye de una manera positiva a mejorar la calidad ambiental interior.

Fuente: Trespa, empresa líder en la fabricación de materiales y sistemas de alta calidad para el cerramiento de fachadas, fachadas decorativas y superficies interiores.

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